Thursday, November 18, 2010

Señales como parches

Francisco Carsí Chulvi

La medida que anunció el lunes el equipo de gobierno municipal de ampliar la delimitación de calles 30 del barrio del Carmen a la práctica totalidad del Ciutat Vella, a excepción de la ronda de Colón-Xàtiva-San Agustín-Guillem de Castro-Blaquerías-Pintor López y de las calles comerciales cercanas a la plaza del Ayuntamiento, es totalmente insuficiente para calmar y pacificar el tráfico del distrito.

Es más, esta medida no supone ninguna novedad puesto que en la mayoría de calles en las que el Ayuntamiento va a limitar la velocidad ya es prácticamente imposible circular a 50 kilómetros por hora. Por poner un ejemplo, ¿quién (en su sano juicio) es capaz de encarar la calle Serranos, girar por Caballeros y finalizar en Quart a esta velocidad? Yo no, desde luego; ni tampoco conozco a nadie que se atreva.

Por eso, afirmo que se trata de otro parche más de los que acostumbra a colocar Rita Barberá ante su incapacidad para diseñar un auténtico plan de movilidad. Es imprescindible poner en marcha una acción que contemple diferentes perspectivas como, por un lado, campañas de sensibilización y concienciación de los conductores pero, sobre todo, que acometa el rediseño de la estructura viaria, con restricciones de giro, estrechamientos de las vías, colocación estratégica de arbolado y mobiliario urbano, que hagan imposible que se sobrepase el límite de 30 km/h.

No basta con poner 33 señales verticales en las entradas del centro histórico. Ciutat Vella necesita un plan de movilidad serio y ambicioso; para calmar el tráfico en esta zona y reducir el volumen de transporte privado es necesaria la redacción de un proyecto ambicioso que contemple, además del rediseño viario, la promoción del transporte alternativo con la instalación del carril bici en la ronda interior, en la calle de la Paz, en la avenida Barón de Cárcer y el interior del distrito; la ampliación de las zonas peatonales; la construcción de aparcamientos disuasorios a la entrada del casco histórico como ya ocurre en numerosas ciudades europeas y la creación de aparcamientos para residentes que libere el espacio público en superficie.

En lugar de ello, el equipo de Barberá ha optado por una operación de maquillaje que por su falta de ambición no van a servir ni para calmar el tráfico ni para reducir el volumen del transporte privado. En definitiva, encontraremos 33 señales como 33 parches que suponen una nueva ocasión perdida para mejorar la calidad de vida de quienes viven en este barrio y para reflotar el patrimonio histórico que esconden las calles de Ciutat Vella.



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