viernes, 09 de noviembre de 2012

Rita Barberá, sin propósito de enmienda

Pedro Miguel Sánchez Marco

Rita Barberá, sin propósito de enmienda
Pedro Miguel Sánchez
Concejal del Grupo Municipal Socialista de Valencia

Tan necesario es reconocer los pecados (o errores en su versión laica), como tener propósito de enmienda para no volver a cometerlos. Pues bien, la alcaldesa Rita Barbéra, tras sus 21 años de mandato, ni reconoce los “pecados” de su gestión, ni tiene el menor propósito de enmendar su forma de administrar el dinero de los valencianos. Las auditorias y los informes de la Sindicatura de Cuentas señalan exactamente las mismas irregularidades año tras año.
La contratación administrativa se tiene que caracterizar por la transparencia, la igualdad de las empresas que concursan y la eficacia en el gasto. En 2011 el Ayuntamiento de Valencia tramitó, según dice el auditor, “con ausencia de procesos de contratación”, algo totalmente ilegal, el 20% de todo el gasto contratado (17,9 millones de 89,5), y en el caso de las inversiones se tramitaron el 9,4% del total (7,3 millones de 77,8). Ejemplos hay de sobra, pero el más escandaloso puede ser la ausencia de contrato durante siete años, para el mantenimiento de las fuentes ornamentales, que ha llevado, según también señala la auditoria municipal, a pagos duplicados y compromisos de la empresa no cumplidos.
Como no hay voluntad de cambiar las cosas, la Sindicatura de Cuentas año tras año señala que persisten incumplimientos legales por falta de información y transparencia en materia de contratación pública; y en estos incumplimientos aparecen siempre los mismos organismos: la EMT, la Fundación Deportiva, el Palau de la Música, la Universidad Popular, la Fundación VEO Valencia Escena Oberta, etc.
Las subvenciones también se deberían regir por la transparencia y la igualdad, pero todos los años se denuncia la ausencia de un plan estratégico de subvenciones, tal como exige la Ley. Tener este plan obligaría al gobierno municipal del PP a establecer los objetivos, los efectos que se pretenden, los costes, los plazos para tales objetivos y su financiación; pero claro eso sería enmendar la gestión de la alcaldesa durante años, y esa palabra no esta en su vocabulario.
El característico descontrol en la gestión de los 21 años de la alcaldesa, hizo que el gasto mal gestionado, según dice la auditoria, pasó del 18% en 2006 al 40,6% en 2011. Con esta forma de gestionar, habitual en todas las áreas de lo público, el PP valenciano se convierte en un elemento nocivo para profesionales e instituciones que se ven implicados en decisiones que bordean la legalidad. El entramado social corre peligro de acabar siendo rehén de ese poder, víctima del “Síndrome de Estocolmo”, o plantar cara en defensa de la salud democrática y social… y esperar las consecuencias.
La realidad es que en vez de hacer caso a los informes que, año tras año, señalan las deficiencias de la gestión de la alcaldesa, ésta prefiere sustituir el propósito de enmienda por la propaganda; así cuando habla de que el Ayuntamiento de Valencia ha sido pionero en la aplicación de medidas de transparencia, no se debe referir al mismo ayuntamiento que cuestionan las auditorias ni la Sindicatura de Cuentas.
El desprestigio de la actividad política, que dice Rita Barberá que le preocupa, se produce con gestiones como la suya con nula transparencia; y es que siempre hay que recordarle que ganar elecciones le permite gobernar, pero no incumplir la ley, que obliga a ciudadanos y a gobernantes.

LEVANTE-EMV 5/11/2012



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