Monday, November 15, 2010

La escopeta valenciana

Francisco Carsí Chulvi

Nuestros dirigentes locales y autonómicos me traen irremediablemente a la cabeza la inolvidable película de Berlanga La escopeta nacional. El industrial catalán interpretado por José Sazatornil, Saza, acude a una cacería en la que él corre con todos los gastos, aunque la invitación se la atribuyen los marqueses de Leguineche. En el colmo de la desfachatez, cuando está saboreando un almuerzo, el marqués le recrimina al industrial: “¿Está sabroso? Pues si le gusta, ¡dígalo, que mis buenos dineros me cuesta!”.
El descaro de los Leguineche, representantes de la derecha tradicional más hipócrita y descarada, tiene en estos pagos una digna heredera en Rita Barberá y el resto de dirigentes populares. El tren de alta velocidad ha llegado a Valencia tras dos legislaturas de Gobierno Aznar en las que fue postergado, ante el silencio vergonzante del PP valenciano. Hoy dicen que el AVE llega tarde (por culpa de Rodríguez Zapatero) y aún tienen la osadía de atribuirse el mérito de su llegada. La cuña publicitaria patrocinada por la Generalitat constituye un ejemplo de manual de desinformación, y además financiada con fondos públicos.
El nuevo capítulo abierto por la señora Barberá y Gerardo Camps a propósito de la gestión del consorcio de la Copa América y el destino de la marina del Puerto de Valencia es un nuevo episodio que responde exactamente a las mismas costuras. Gobierno de España, Generalitat y Ayuntamiento se sientan a la misma mesa, y acuerdan pagar a escote. Sólo ha pagado su cuenta el Gobierno de España, pero los comensales gorrones no sólo anuncian que no van a pagar, sino que encima piden que su parte la pague quien ya abonó la suya, esto es, el Estado.
¿Qué excusas se buscan estos comensales gorrones? Veámoslas y juzguen: uno dice que él ya invirtió mucho haciendo obras de mejora de la zona; la excusa es la misma que si el Gobierno de España no hubiese contribuido económicamente a la Copa América alegando que él ya contribuye suficiente reforzando la plantilla policial. ¿Imaginan qué hubiese dicho el banquillo popular si ese argumento se hubiese manejado por el Gobierno de España?
El otro comensal gorrón aún utiliza una excusa más tronchante: dice que llama al que ya pagó, pero no se le pone al teléfono. ¿Usted respondería la llamada del sujeto gorrón que ya ha anunciado públicamente que no piensa saldar sus deudas? Lo menos que se puede esperar de un sujeto así es que nos pegue un nuevo sablazo, y los tiempos no están para despilfarros.
Si la señora Barberá quiere tener “la mejor marina del mundo”, deberá al menos comprometerse financieramente a ello (no hablamos ya en que debería pensar en pagar lo que debe). Otra cosa distinta es preguntarse si para una ciudad que tiene unas deficiencias inmensas en instalaciones educativas, en infraestructura sanitaria, en redes de accesibilidad y movilidad, en eliminación de contaminación acústica, y un largo etcétera de parcelas de competencia local o autonómica, cuáles son las prioridades políticas. Y, sobre todo, habrá que valorar si la sociedad valenciana se merece algo mejor que unos políticos mendaces, que no tienen reparos en negar realidades incontestables.



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