viernes, 16 de diciembre de 2011

Habemus Papam

Francisco Carsí Chulvi

Es inevitable que el Mariano Rajoy post-20N nos traiga a la memoria al personaje que interpreta Michel Piccoli en Habeus Papam, la última película de Nanni Moretti, en la que el recién elegido Papa, invadido por miedos y dudas, no se atreve a salir al balcón para dirigirse a sus numerosos fieles que le esperan en la plaza de San Pedro de Roma.

Su silencio es comprensible cuando lleva meses afirmando que él sabe cómo sacar a España de una crisis que tiene dimensiones mundiales y una intensidad sin precedentes; la posesión de tal arcano le haría candidato, como poco, a la silla papal. La sociedad, sus electores, esperan un gesto, un anticipo de sus ideas, un avance de quien, desde el comienzo de la crisis, viene afirmando que España necesita confianza; aunque no parece que su actitud precisamente la genere.

Comprendemos sus miedos y sus temores, especialmente cuando ha prometido la cuadratura del círculo: sacar a España de la crisis sin incrementar impuestos, sin menoscabar el Estado social, sin copago sanitario, sin rebajar el sueldo de funcionarios y sin recortar prestaciones sociales. Habría que añadir, aunque él no lo diga, sin vender empresas públicas (todas las vendibles ya lo hizo el Gobierno Aznar) y sin construir viviendas por encima de la demanda (hoy ni hay compradores ni financiación, por más que permita edificar sobre suelo que ha sufrido incendios forestales).

La película de Moretti tiene la virtud de reflejar no sólo las vacilaciones de un hombre abrumado por la asunción de responsabilidades que le sobrepasan, sino también los entresijos del poder, las maniobras para ocultar las dudas legítimas del nuevo Papa y la red de mentiras que se urde en su entorno. Recordemos a Cospedal anunciando la agenda intensa de Rajoy (mientras los sectores económicos y sociales le piden alguna acción) o a González Pons “atisbando brotes verdes”.

Sin duda, la parte tragicómica del tema la puso Rita Barberá la noche electoral, gritando que se acababa la mentira y llegaba la hora de la verdad. Nada más cierto: la nefasta gestión municipal y autonómica que sufrimos los valencianos y valencianas ya no la va a poder justificar en imputaciones al Gobierno de España. La desaparición del sector financiero valenciano, la inaplicación de la ley de dependencia, la nula inversión en barrios, las carencias escolares, la desinversión sanitaria, las alarmantes cifras de desempleo de esta Comunidad y de esta ciudad, el parque inmobiliario vacío, las corruptelas que invaden la gestión pública, las necesidades en cuerpos y fuerzas de seguridad, y todo el larguísimo etcétera de agravios que Barberá, Camps y Fabra han esgrimido durante años, para todos ellos llega la hora de la verdad.

Y se acabaron las mentiras. Porque la Alcaldesa de Valencia sabe que si se atreviese a mantener las mismas reivindicaciones que ha mantenido estos años, duraba menos en política que la reivindicación del trasvase del Ebro en la agenda del Partido Popular.





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