Thursday, November 11, 2010

¿Dónde guardará las bicicletas Rita Barberá?

Francisco Carsí Chulvi

“Puesto que todas las ciudades son diferentes, debemos hallar nuestras propias vías hacia la sostenibilidad”. La alcaldesa de Valencia debió saltarse algunos párrafos de la Carta Aalborg cuando estampó su firma en 1998 porque, 12 años después, ha incumplido todos los puntos que marca este acuerdo, como la auditoría ambiental previa a la puesta en marcha de la Agenda 21 Local.
Con la falta de rigor y el derroche energético que la caracteriza, es más que dudoso que sea capaz de cumplir el plan de acción de eficiencia energética para la lucha contra el cambio climático y la reducción de CO2 al que se adhirió hace más de un año a través del “Pacto de Alcaldes”.
Si nos situamos en el día a día, es decir, en la mínima gestión que debe hacer el ayuntamiento en materia de movilidad o de acondicionamiento de zonas verdes, Rita Barberá va tan sobrada que se ha propuesto perder la oportunidad proteger nuestros jardines y articular el tráfico de bicicletas con la remodelación de las grandes vías Marqués del Túria y Fernando el Católico.
Las pavimentación de estos bulevares se llama: 4,5 millones de euros del Plan Zapatero. Como lo lees. La alcaldesa de Valencia se va a gastar cerca de cinco millones de euros en tapar con baldosas la totalidad de un jardín centenario; casi cinco millones de euros para crear ¡54 puestos de trabajo!
Las grandes vías necesitan una remodelación a fondo que fomente su uso y reordene la circulación. ¿A qué precio? A este no, seguro. Existen alternativas más baratas, capaces de proteger el patrimonio, generar más puestos de trabajo, adecentar los jardines para evitar charcos, habilitar carriles bici seguros y de contar con la aportación de los vecinos y vecinas.
Lo que está claro es que la propuesta del ayuntamiento no es la solución para una ciudad desbordada por carencias en sanidad, educación o empleo, y que la alcaldesa de Valencia carece de un plan estratégico municipal que integre bajo criterios sostenibles sus decisiones. Sólo se mueve por impulsos electoralistas. De ahí que vaya a dilapidar millones de euros en unas baldosas que, según dice, “reducen la formación de ozono” mientras margina las inversiones en jardines y se autoboicotea la implantación de Valenbisi.
Por sus características climáticas y orográficas, Valencia debería ser la ciudad perfecta para el uso de este medio de transporte, sin embargo, Barberá ha convertido esta práctia en una actividad de alto riesgo para la integridad física de peatones, ciclistas y conductores. Y para los bolsillos de los ciudadanos y ciudadanas que han tomado una decisión que reduce la contaminación acústica y ambiental de la ciudad, al aprobar una nueva ordenanza municipal con multas que pueden llegar a los 1.500 euros.
Eso si la Policía Local no te requisa la bicicleta antes de que te dé tiempo a cometer una infracción, por candarla a una farola o un árbol o a alguna señal de tráfico o donde les parezca que molesta. Según el consistorio, existen más de 4.000 aparcamientos para bicis; según puedo certificar, no conozco muchos más allá del que tengo enfrente de mi casa y de la sede del PSPV-PSOE. Por cierto, ¿alguien sabe dónde se las llevarán? ¿Habrá que presentar la factura de compra para recogerlas? ¿Qué harán quienes tengan modelos de los años 60 o similares? Desde luego, yo no estoy dispuesto a quedarme sin bicicleta.



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