lunes, 23 de marzo de 2015

Cambiar la ciudad


Tras más de dos décadas de gobierno conservador en nuestra Corporación municipal, en la que la actual Alcaldesa, Rita Barberá, ha tenido un papel principal y protagonista para la consecución de una mayoría electoral y social que respalde su proyecto político, (algo mal ha tenido que hacer la oposición para no convencer a la sociedad) el año 2015 se presenta como el final de un ciclo de predominio del Partido Popular y el inicio de un cambio, precisamente, por el agotamiento del ideario y actividad del pensamiento liberal conservador, ante una crisis financiera internacional en la que la austeridad (que conlleva, ineludiblemente, la desigualdad social) se ha tomado como dogma de fe, arrase a quien arrase.
En efecto, tras la borrachera de poder obtenido, tras la ejecución de grandes eventos realizados en nuestra ciudad, con derroche y despilfarro de las arcas públicas coadyuvados con auténticas mafias y tramas de corrupción dentro y en el entorno del propio Partido Popular, tras las mentiras reiteradas sobre el coste de los mismos y la irrupción continuada y progresiva en el tiempo de procesos judiciales relacionados con los eventos antes mencionados, el sustento electoral conseguido comienza a resquebrajarse más que por convicción por propio cansancio. El clientelismo, fundamento crucial para el reparto de dádivas y subvenciones, ya no funciona, y ese pilar tejido cuidadosamente por el equipo de gobierno, ahora, sin dinero que repartir, se diluye como azucarillo en el agua. El discurso del Partido Socialista (y la oposición) denunciando tantas atrocidades entre la indiferencia y la incredulidad ya ha cruzado el largo silencio del desierto y comienza a tener eco entre la ciudadanía.
No obstante, unos de los mayores agravios perpetrados durante este tiempo es la poca atención que se ha prestado a la participación ciudadana, bien al considerar que sólo los profesionales y técnicos son los más adecuados para dichos menesteres bien porque los políticos locales piensen que representan mejor los intereses generales de la población. El resultado es el vacío de contenido de las juntas municipales de distrito y la escasa cultura de participación activa en la mayoría de las formaciones ciudadanas y vecinales. Por el contrario, el PSPV considera que la participación ciudadana y vecinal impulsan el desarrollo local y la democracia participativa para que la ciudadanía (individual y colectiva) tenga acceso a las decisiones de gobierno de manera independiente, sin necesidad de formar parte de la administración pública o de un partido político. Y tiene la voluntad de fomentar esta cultura participativa con el consenso de las formaciones políticas y ciudadanas.
Joan Calabuig, candidato a la Alcaldía, responde a este perfil de gobernante próximo a los distritos, sensibilizado a sus problemas y reivindicaciones, porque entiende que el Ayuntamiento es la administración más cercana y la que mejor puede valorar la representatividad de las asociaciones vecinales y ciudadanas para compartir un proyecto de elaboración gradual de cambio de ciudad con la colaboración necesaria de empresas y sindicatos en el objetivo de hacer funcionar la actividad empresarial con la creación de puestos de trabajo de calidad, ayudar a la población más vulnerable, y conseguir una Valencia más cómoda, más limpia, y más habitable. En estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir, resulta imprescindible la confianza, la mayoritaria confianza de nuestro electorado, por cuanto otorgará estabilidad y fuerza al nuevo gobierno progresista de nuestro Ayuntamiento, imprescindible para llevar a buen puerto un proyecto político susceptible de ser compartido por las demás fuerzas progresistas de nuestra Ciudad.



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